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  • Un paisaje patrimonial de 535 años.
    Foto de portada: Ermita de San Antonio Abad, en cuyo entorno se fundó la Muy Noble y Leal Ciudad del Real de Las Palmas de Gran Canaria.

    (…) y se embarcó el dicho señor don Juan Rejón con toda su gente de a pie y de a caballo. Y habiendo navegado pocos días, fueron reconocer la Gran Canaria, y surgieron en el puerto que se dice ahora de Las Isletas la mañana de San Juan Bautista (…). Tomaron a un canario viejo que en aquel tiempo estaba mariscando a la orilla de la mar, el cual, entre otros avisos o consejos que dio a los nuestros les dijo que asentasen su Real en un lugar que les enseño, que se decía Geniguada, que era lugar fuerte y eminente y a la vista del puerto y sus navíos, con agua bastante y el río de Geniguada, barranco que llevaba agua perpetua a la mar, que pasaba a pie de este sitio, el cual se dice ahora del Real de Las Palmas por haber muchas en él (…). Y tomando el consejo de lo que el canario viejo les dijo, comenzaron primero a hacer una torre o fortaleza de piedra o barro.

     

    Así relatan las crónicas de la conquista de Gran Canaria la fundación de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. Pocas ciudades del mundo pueden saber, a ciencia cierta, el día y el lugar exactos de su fundación: 24 de junio de 1478, en la desembocadura izquierda del barranco Guiniguada, en algún lugar de lo que actualmente es el entorno de la ermita de San Antonio Abad.

    Vestigios de la Plazoleta de Los Álamos, una de las primera calles de la primitiva ciudad, descubierta durante las excavaciones arqueológicas del solar norte de La Catedral.

    No es difícil recrear la escena: un grupo reducido de castellanos desembarcando en algún punto entre la desembocadura del Guiniguada y la desaparecida playa de Santa Catalina, puede que bajo el cielo plomizo de una “panza de burro” veraniega, y luego caminando hacia el sur por páramos arenosos, desiertos y cuajados de tabaibas y cardones, con palmerales en las salidas de los barrancos de don Zoilo y Mata al mar, hasta llegar al promontorio de la margen izquierda del Guiniguada. Un lugar elevado desde el que se controla el territorio para ver llegar a tiempo a los ataques de los canarios desde el sur, el norte o el interior, y con agua potable abundante.

    Pero poco podían aventurar aquellas tropas fundacionales la dimensión territorial y cultural que adquiriría su Real de Las Palmas con el correr de los años. Conquistada la isla, en torno a aquel pequeño núcleo fortificado comenzaría rápidamente a crecer una ciudad que desde sus inicios obtuvo el carácter que aún mantiene hoy en día, el de una ciudad administrativa y comercial que ha ido creciendo y reconfigurándose a lo largo de más de quinientos años.

    Las Palmas es en la actualidad un libro abierto en el que poder leer la historia de Canarias en su conjunto, desde la etapa prehispánica hasta el siglo XXI.

     

    Foto: Matti Mattila. http://www.flickr.com/photos/mattimattila/2611969500/in/set-72157605795037025/

    Las Cuevas de los Canarios, la desaparecida necrópolis tumular de La Isleta o ese “canario viejo” al que encuentran los conquistadores, atestiguan que el área de Las Palmas debió, en mayor o menor medida, estar habitada ya desde tiempos prehispánicos.

    Cuevas de los Canarios, en El Confital, uno de los pocos asentamientos prehispánicos que se han conservado en la trama urbana de Las Palmas.

    Vegueta es el ejemplo perfecto de las ciudades de nueva planta que surgen en el siglo XV y cuyo modelo se repetirá constantemente en tierras americanas.

    Triana nos habla de la pujanza comercial de las islas, por la que han pasado todos los modelos económicos de los últimos 500 años, desde las grandes economías de exportación (azúcar, vino, tomate y plátano), hasta el imperialismo mercantil del siglo XIX, favorecido por la creación del Puerto de la Luz a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, que a su vez fomentó la expansión de la ciudad hacia el norte.

    Los barrios de la ciudad alta atestiguan también la profunda transformación social y económica que aconteció en las islas a partir de la década de 1950, con la progresiva terciarización de la economía y los trasvases masivos de población desde el campo a la ciudad.

    El istmo de Guanarteme es testimonio de la pujanza del turismo como modelo económico, iniciado por aquellos ingleses con intereses mercantiles del siglo XIX que tanto han influido en el carácter, las expresiones habladas o la arquitectura de la ciudad, y que alcanza su máximo a partir de la década de 1960.

    Antigua fotografía de lo que en un tiempo fue una de las mayores necrópolis en túmulo de Gran Canaria, en los malpaises de La Isleta.

    Y las áreas residenciales de reciente creación tampoco dejan de ser un testimonio del desarrollismo de la segunda mitad del siglo XX, que llevó a una explosión demográfica sin precedentes. ¿O acaso gran parte de los que viven en Siete Palmas, por poner un ejemplo, no nacieron entre finales de la década de 1960 y comienzos de la de 1970? Una vez llegados a la edad adulta, a toda esta gente había que darle vivienda…

    Todas estas etapas, vistas aquí de manera muy rápida y sin duda alguna incompleta, han dejado en la trama urbana de Las Palmas de Gran Canaria una impronta particular, configurando un paisaje patrimonial de una riqueza extraordinaria que sigue construyéndose, modificándose y reinventándose.

    Feliz cumpleaños, Las Palmas. Que cumplas, al menos, 500 años más.

     

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