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  • Patrimonio sureño.

    El municipio grancanario de San Bartolomé de Tirajana atesora un patrimonio histórico muy rico y especialmente variado.

    Sin menoscabo del resto de municipios de Gran Canaria, el espectro histórico y tipológico que abarca el patrimonio de San Bartolomé de Tirajana es muy amplio.

    La zona sur de Gran Canaria, en especial su área costera,  estuvo intensamente poblada en época prehispánica; así lo atestigua, por ejemplo, Le Canarien, la crónica de la conquista normanda de Canarias, cuando narra el intento de desembarco de Jean de Bethèncourt en 1405 en la zona de Arguineguín, que -aunque actualmente cae dentro los límites del municipio de Mogán-, formaba parte probablemente de un denso conjunto poblacional que abarcaba, entre otros, los actuales enclaves arqueológicos de El Pajar, Lomo Galeón, Las Crucesitas o El Llanillo.  De la significación de este asentamiento puede dar idea el hecho de que Sabino Berthelot y René Verneau, aún en el siglo XIX, contabilizaron unas cuatrocientas casas en lo que actualmente se conoce como Santa Águeda – El Pajar. Por su parte, en el espacio ocupado por la actual fábrica de cemento se localizaba una amplia necrópolis. Verneau  la describe apuntando la presencia de tres tipos de enterramientos, destacando los tumulares múltiples, similares a otros localizados en la costa norteña.

    Vista aérea del asentamiento prehispánico de El Llanillo.

    De hecho, toda la costa desde la punta de Maspalomas hasta El Pajar está salpicada de vestigios arqueológicos, restos que ahora parecen inconexos pero que sin duda son partes integrantes de los que fue un continuo de núcleos de población que no se entienden de manera aislada.

    Necrópolis tumular de Arteara.

    Testimonio igualmente de la importante presencia humana prehispánica en la zona son las necrópolis de Arteara y Lomo de Maspalomas.
    Sin embargo, se puede afirmar que el polo de atracción poblacional cambió tras la conquista de la isla hacia el interior como resultado del cambio de modelo económico, centrado en el cultivo de medianías. Se desarrollan a partir de este momento-aunque probablemente partiendo de un primer núcleo aborigen como atestiguan sus topónimos-, poblaciones como las de Tunte, Fataga o Ayacata.

    Molino de Cazorla.

    La riqueza etnográfica asociada a esta etapa es extraordinaria, con espléndido ejemplos de arquitectura tradicional canaria repartidos por todo el municipio, infraestructuras tan destacadas como el molino de Cazorla y paisajes agrícolas de gran significación patrimonial .

    Y llegamos en este rápido y necesariamente incompleto vistazo a los siglos XIX y XX, de gran significación en tanto que vieron la constitución del municipio y la construcción de destacadas piezas arquitectónicas declaradas bienes de interés cultural, como el Cementerio de la Villa o el Faro de Maspalomas. Y, cómo no, el desarrollo urbanístico y la revolución social aparejados al turismo; unas veces más acertado, otras menos, pero que no dejan de ser un testimonio patrimonial del tiempo presente, en tanto que estas “ciudades ficticias” -como en alguna ocasión las han denominado los urbanistas- son producto de un tiempo y unas circunstancias históricas concretas, al igual que los vestigios arqueológicos más remotos lo fueron de las suyas.

    Faro de Maspalomas.

    Y no deja de ser curioso ver cómo, al cabo de casi 500 años, el peso social y económico de San Bartolomé de Tirajana retorna del interior a la costa. En suma, un municipio con una evolución histórica peculiar y única, que ha dado origen a un patrimonio igual de peculiar y único.

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