Los aborígenes canarios colonizaron, desde el norte de África, la isla de Gran Canaria en fechas aún no determinadas, pero que podría establecerse en torno al inicio de la Era (aunque esta fecha puede retrasarse considerablemente) desarrollando por espacio de mil quinientos años una cultura propia, de base económica principalmente agrícola y ganadera. Aunque ya desde el siglo XIV existe contacto con los europeos, será a finales del siglo XV, cuando esta cultura sucumbe ante el dominio militar de la Corona de Castilla, que impone un nuevo orden económico, social y religioso.
Sabemos por las primeras crónicas de la conquista que los canarios usaban un calendario que seguían estrictamente para organizar sus actividades agrícolas y rituales. Este calendario según estas fuentes, se basaba en la observación y registro de los movimientos del sol y la luna a lo largo del año, los meses y los días.
Hallazgos arqueológicos han demostrado la existencia de construcciones de los antiguos canarios con una orientación astronómica evidente, hacia los ortos y ocasos del sol en sus paradas principales, sobre todo en el Solsticio de Verano, y Equinoccios. Se trata en la mayoría de los casos de estructuras arquitectónicas concebidas y destinadas a una actividad de carácter religioso o ritual: Cuatro Puertas, Altos del Coronadero, Necrópolis de Arteara, Llanos de Gamona, Montaña de Horgazales, Montaña de Tauro, Roque Bentayga, Cueva de Los Candiles o La Mesa de Acusa, entre otros muchos enclaves canarios, fueron probablemente utilizados como lugar de celebración de rituales y marcadores astronómicos para el control del cómputo del tiempo.
Tal profusión de sitios con orientación astronómica, en un territorio insular relativamente pequeño (la superficie de la isla es de 1.560 kilómetros cuadrados), solo puede explicarse por la necesidad que tenían los canarios de llevar un control preciso del cómputo del tiempo, de conocer el paso de las estaciones, y con ello de disponer de un calendario agrícola muy preciso, porque de ello dependía la supervivencia de una sociedad que ocupaba un territorio insular que no pudieron o no quisieron abandonar. El control del calendario, la organización del ritual y la administración de los excedentes alimenticios estaba en manos de “Especialistas en lo Sagrado” los Faykanes, que también administraban los templos e impartían justicia.




