Pocos lugares son capaces de ofrecer en un espacio tan reducido una tamaña variabilidad de puntos de interés patrimonial como Agaete, ni que el espacio cronológico que éstos abarquen se remonte a tiempos no ya prehistóricos, sino incluso anteriores a la prehistoria.
Hablamos, por ejemplo, de los depósitos geológicos de carácter marino que se encuentran en un lugar tan inverosímil como la cabecera del valle, y que casi con total probabilidad llegaron arrastrados por el gigantesco tsunami que produjo el deslizamiento en masa que creó el Valle de Güímar, en la vecina Tenerife.
O la serie de coladas volcánica (recientes en términos geológicos) que remodeló por completo la fisonomía del valle y sobre la que se asienta la necrópolis tumular prehispánica más importante de Gran Canaria, la del Maipés de Arriba, recientemente abierta al público tras unos trabajos de documentación, restauración y musealización que han durado varios años.
Junto con ella, los testimonios de la presencia humana prehispánica en el área de Agaete son muy abundantes, como el poblado rupestre de Bisbique o el Valle de Guayedra, en el que, por cierto y tras la conquista, termino sus días por elección propia Tenedor Semidán, el último Guanarteme de la isla, rebautizado como Fernando.
Sin duda alguna, Agaete fue un lugar densamente poblado en época prehispánica, una densidad que continúo tras la conquista y colonización de la isla y que ha llegado hasta la actualidad, configurando un paisaje humano de particular belleza , con caseríos como El Risco, El Sao, El Hornillo, Vecindad de Enfrente, Cuevecillas o San Pedro.
Por su posición geográfica y condiciones físicas, Agaete fue un lugar elegido por los conquistadores para levantar la conocida Torre o Casa Fuerte de Agaete , cuya ubicación aún se encuentra en estudio.
Ese importante papel como enclave estratégico, y posibilidades naturales hizo que Agaete se convirtiera en un destacado centro económico, con la creación del ingenio azucarero más importante de Gran Canaria, vinculado a Alonso Fernández de Lugo, quien lo vendió cuando se empeñó en la conquista de las islas de La Palma y Tenerife, pasando a manos de Antón Cerezo.
Este genovés es uno de los personajes más conocidos de la historia de la villa por haber encargado en Flandes el famoso retablo o Tríptico de Nuestra Señora de las Nieves, que colocó en la ermita dedicada a su advocación en el puerto homónimo, y en el que aparece retratado con algunos miembros de su familia, uno de los ejemplos más destacados de pintura flamenca de toda Canarias
La casa de los Manrique de Lara, el antiguo Balneario de Los Berrazales, La iglesia de Nuestra Señora de la Concepción, el Huerto de las Flores… En fin, los ejemplos de casi todas las formas del patrimonio son incontables, incluyendo aquellas más inmateriales, tales como las dos festividades de La Rama que se viven en el municipio (la de San Pedro y la de Las Nieves), así como el innegable papel jugado por Agaete en la creatividad artística del siglo XX, quizás iniciado por Tomás Morales, que fue médico en Agaete y que atrajo hacia sí y hacia la villa a lo más granado de la literatura grancanaria de la época, revistiéndola de un halo de creatividad que aún hoy conserva.
Todo un valle de prodigios.






