Situada en la plaza homónima, formó parte del convento franciscano, el segundo el ser fundado por la orden en las islas. Del ex-convento franciscano permanece la espadaña de cantería y la iglesia. Ésta era de una nave con acceso lateral a los pies de la misma, y fue, en su momento, el límite sur del recinto conventual.

De la fachada destaca la portada manierista, casi protobarroca. Su estructura es de líneas serenas, con columnas pareadas que se levantan sobre plintos y recogen un entablamento de arquitrabe, friso y cornisa, que se remata en un frontón roto que acoge el escudo franciscano.

El arco de la portada es de medio punto, con pilastras lisas en las jambas y recuadros cajeados en la rosca.

El curato, en la cabecera de la iglesia, acoge las dependencias parroquiales y la sacristía. Fue proyectado por Laureano Arroyo (1899), junto con una reforma de la iglesia para regularizar y dar fachada hacia la calle General Bravo. El frente se proyecta simétricamente con dos cuerpos de puerta, óculo y ventana de medio punto en los extremos y un cuerpo central de tres huecos. Un remate almenado, que continuaba por todo el alero de la iglesia y que desapareció en la última intervención de los años cincuenta, coronaba la fachada.