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  • Patrimonio conjunto: El casco histórico de Teror.

    Teror se desarrolló en el bosque de Aterura, parte de la masa forestal que cubría el norte de la isla, distinguiéndose como centro religioso de Gran Canaria cuando se dio crédito a la aparición de una Virgen María en un pino del bosque en torno a 1481. Según el relato tradicional, esta aparición estuvo acompañada de distintos prodigios, si bien otras versiones le quitan al asunto todo carácter sobrenatural e interpretan la aparición en el marco del final de la conquista de Gran Canaria por la Corona de Castilla y los intentos de aculturación de la población prehispánica; existen numeroso ejemplos de otras apariciones marianas tanto en la Península -en el contexto de la Reconquista- como en Canarias, tales como la aparición de la virgen de Candelaria.

    La Virgen del Pino, despojada de las vestiduras que suelen ocultar su verdadera fisonomía.

    Sea como fuere, este hecho distinguió de manera especial  a esta zona de las demás. La población adquirió cierta importancia como núcleo agrícola durante los siglos XVI y XVII.

    El XVIII fue un siglo muy importante en la consolidación de la devoción de la Virgen en Gran Canaria y constituye, además, un momento de particular importancia para la villa al configurarse en gran medida su zona central. Entre las novedades arquitectónicas destaca la construcción de la torre que a principios de la centuria se había adosado a la iglesia (1708), siguiendo  la traza de las góticas de la Catedral de Santa Ana, con planta poligonal y rematada en chapitel. Este campanile, construido con la característica cantería amarilla del lugar, subsistió cuando se levantó la nueva fábrica de la parroquial (1760-1767).

    Comparativa entre la torre de la Basílica del Pino y las desaparecidas torres de la Catedral de Las Palmas, en las que se inspira.

    La nueva iglesia quedará en adelante como fondo del eje visual de la calle principal y el solar del edificio anterior quedó como espacio libre para ampliar la plaza delantera. El proyecto del nuevo templo fue realizado por el coronel Antonio Lorenzo de la Rocha, con líneas de un tímido barroco, aunque con planta tradicional que incorporaba una cúpula y la torre anterior. Hay que señalar que por la especial devoción a la Virgen, presentó la novedad de tener camarín. La nueva plaza se abre delante de la fachada principal de la iglesia y está concebida para acoger a los romeros y las procesiones, con un marcado carácter religioso, que se acentúa con la construcción del palacio episcopal en su parte trasera. Otra de las aportaciones fueron las distintas viviendas con balconadas cubiertas que levantaron varias familias en uno de los costados, siguiendo las líneas tradicionales de la arquitectura doméstica canaria.

    El siglo XIX se caracteriza por una acentuación del carácter religioso de la villa, con la ampliación del palacio episcopal de verano (1867), la construcción del Monasterio del Císter (1882-1888), tendencia que continúa en el XX con la llegada de las dominicas y los salesianos. También en el XIX se trazó la Alameda (1845), además de la apertura de algunas calles en la zona del Castañar.

    Calle Real de Teror en torno a la década de 1920. Fuente: http://www.fotosantiguascanarias.org/

    Un paseo por la villa nos trae el recuerdo de tantos personajes que han pasado por Teror, como el escritor Miguel de Unamuno, quien resaltó la quietud de la tarde en el castañar de Osorio, aire de tranquilidad que aún mantiene el conjunto histórico de la Villa, declarado Bien de Interés Cultural en 1979. El recorrido por el entorno de la Basílica se completa con la Plaza Teresa de Bolívar, diseñada por Néstor Álamo, donde se enfatiza los orígenes terorenses de la esposa del libertador venezolano. Entre los lugares a visitar es obligatoria, en primer lugar, la visita al interior del santuario, donde se venera la imagen de Nuestra Señora del Pino y se conservan una buena muestra de obras de arte, muchas de ellas exhibidas en el camarín. A la salida se puede visitar el museo de la Casa de los Patronos de la Virgen, instalado en casa Manrique de Lara. Con todos sus valores, Teror es uno de los puntos de mayor interés de la isla, desde el paisaje donde se emplaza, un rico patrimonio arquitectónico y artístico y las celebraciones festivas y culturales que allí se celebran, en la que se incluye el concurrido mercadillo dominical. Sin embargo, la villa adquiere su mayor protagonismo en las fiestas patronales de septiembre, especialmente en la romería de la tarde del 7 de septiembre, con carretas que vienen de todos los municipios grancanarios y representaciones de otras islas, las caminatas de fieles que acceden desde todos los puntos cardinales y los actos religiosos del día 8, fiesta principal con la procesión mayor, y la conmemoración de Las Marías, al domingo siguiente.

     

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