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  • Patrimonio conjunto: La C/Perojo y su entorno.
    Los conjuntos históricos aúnan en un único espacio valores estéticos, históricos y antropológicos, y se proyectan hacia el futuro como polos de desarrollo.



    La calle Bravo Murillo, que sigue el trazado de la antigua muralla de Las Palmas, en torno a la década de 1920. FEDAC, www.fotosantiguascanarias.org.

     

    A mediados del siglo XIX la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria se encontraba por su lado norte constreñida en su desarrollo por la antigua muralla cuyo trazado corresponde, aproximadamente, al de la actual calle Bravo Murillo.

    No es del todo casual que esta calle, conocida en el momento de demolición de la muralla como “Camino Nuevo”, lleve el nombre de Juan Bravo Murillo, el presidente del Consejo de Ministros bajo cuyo gobierno se proclamó en 1852 la Ley de Puertos Francos. Y es que el ensanche de Las Palmas hacia “fuera de la portada” (en alusión a las planicies y huertas que se extendían más allá de la puerta de acceso a la ciudad desde el norte, abierta en dicha muralla) es, en cierta medida, “hijo” del Puerto de la Luz y de Las Palmas.

    Se trataba, en último caso, de ensanchar la ciudad en dirección norte para, además de dar cabida a la creciente población, unir físicamente el casco histórico con el nuevo y pujante Puerto de la Luz, cuya construcción real comenzó en 1883.

    El Puerto de la Luz, prinicipal "responsable" del ensanche de la ciudad hacia el norte, en 1900. FEDAC, www.fotosantiguascanarias.org

    Para ello se trazaron tres grandes ejes de comunicación, que prolongaban la calle mayor de Triana por la actual calle León y Castillo (otro gran prócer del Puerto de la Luz); la calle de San Francisco -actual General Bravo- por la calle Pérez Galdós y, en última instancia, el actual Paseo de Tomás Morales; y, entre medias, la calle Cano por las calles Viera y Clavijo y Perojo.

    Así, en el Plan Urbano de la ciudad redactado entre 1892 y 1898, el arquitecto municipal Laureano Arroyo propuso continuar la calle Viera y Clavijo hasta el Barranquillo de Ciudad Jardín.

    A principios del siglo XX, la calle Perojo estaba alineada, parcelada y acondicionada para iniciar la edificación. Pero ya en el dibujo del Plan, que nunca fue aprobado, se ve cuales fueron los problemas para gestionarlo. Las fincas agrícolas a urbanizar significaban demasiados intereses encontrados por la dificultad de acuerdo entre los propietarios. Ello, unido a la escasa fuerza municipal, hará definitivamente inviable la continuación de Perojo más allá de la altura de la Plaza de la Feria.

    El planteamiento del ensanche inicial vendría condicionado por la necesidad de establecer una política urbanizadora que albergara a la nueva burguesía y dotara de viviendas de alquiler a la clase media trabajadora. Así pues, la calle Perojo se convierte en un modelo de parcelación y construcción del ensanche, con arquitecturas de gran calidad que van del academicismo de la primera década del XX, al romanticismo de los años treinta, pasando por toda la variedad ecléctica.

    En la actualidad, la calle Perojo y su entorno están en trámite de declaración como bien de interés cultural, tanto por sus innegables valores estéticos como históricos, representativos de una de las mayores revoluciones sociales y económicas que ha experimentado la ciudad de Las Palmas y, por extensión, la isla de Gran Canaria en su conjunto.

     

     

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