Vamos a dedicarles unas líneas a la temática de la obtención del agua subterránea en la isla, punto clave en todo aquello relacionado con el patrimonio histórico hidráulico Gran Canaria.
Conozcamos la diferencia entre mina, pozo y galería, y comprobemos hasta qué punto ha sido capaz de llegar la inventiva de los isleños para obtener este preciado y escaso recurso.
Las minas del agua
En Gran Canaria se generalizó a partir de principios de siglo XVI, un sistema de búsqueda de las aguas subfluviales de los barrancos, a través de unas zanjas cubiertas que seccionaban los cauces, las denominadas minas. Su objetivo era captar las aguas y desviarlas hacia los estanques reguladores. La abertura se revestía y se techaba con piedras y argamasa para darle resistencia y, en forma de galería, la mina avanzaba por el margen del barranco hasta asomar a la acequia.
Gran Canaria es la isla donde más se desarrolló esta estrategia de captación de agua subterránea y dispone de más de 70 unidades. Representan un valioso bien patrimonial a nivel mundial, dentro de los variados modelos de galerías filtrantes construidas desde tiempos protohistóricos en las regiones áridas y semiáridas del Oriente Próximo y llevadas luego al Nuevo Mundo.
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Los pozos y galerías un mundo bajo tierra
Gran Canaria es una isla completamente horadada por unos 2.318 pozos que alcanzan una longitud total de 218 Km. Su profundidad varía entre los 10 y 350 m, con galerías interiores de todo tipo.
También se perforan desde la superficie unas 339 galerías, con una longitud total de 177 Km.
Los pozos empezaron a perforarse entre finales del siglo XV y principios del siglo XVI cerca de las poblaciones principales, con profundidades de 6 a 12m. Al principio fueron para uso doméstico, y bastaba para extraer el agua un simple torno o roldana; pero pronto se excavaron más, para lo que se instalaron las primeras norias a principios del XVI.
El gran desarrollo de las perforaciones comenzó entre finales del siglo XIX y principios del XX, en la época del puertofranquismo y los cultivos de plataneras y tomateros.
Para extraer el agua de los pozos comenzó a importarse, desde finales del siglo XIX y principios del XX, las norias de fundición y los aeromotores. Los “molinos americanos” fueron los mas demandados. Pero ponto los talleres insulares generaron una tecnología hidráulica propia, con patentes registradas de aeromotores y bombas de pistón.
Las imágenes que ilustran este artículo han sido realizadas por Francisco Suárez y Esteban Luis Cabrera.














