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  • Historia de la Semana Santa en Las Palmas de Gran Canaria

    El origen de la Semana Santa de Las Palmas de Gran Canaria se remonta a los orígenes de la ciudad en 1478, cuando comenzaron las fundaciones conventuales de franciscanos y dominicos, quienes fomentaron el culto a la pasión de Cristo.

    Antes de 1579 ya estaba establecida en la ermita de Vegueta de la Vera Cruz una cofradía consagrada al culto del Santísimo Cristo de la Vera Cruz, en la que los hermanos se flagelaban mientras tenía lugar la procesión.

    La Semana Santa de Las Palmas se divide en cuatro épocas:

    • Primera época: Abarca desde el siglo XVI hasta el 1599, fecha en que las tropas de Van der Does incendiaron las iglesias conventuales de San Francisco y Santo Domingo. Afortunadamente las efigies del Señor de la Humildad y Paciencia y el Santísimo Cristo de la Vera Cruz pudieron ser rescatadas del fuego.

    • Segunda época: Se inicia en el siglo XVII y se prolonga hasta 1787, año en que se sitúa la aparición de las primeras imágenes esculpidas por José Luján Pérez. Comprende, la época áurea del barroco canario. En esta etapa las cofradías desempeñaron un papel importante, destacando la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario en Santo Domingo, la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad de la Portería Coronada y la Venerable Orden Tercera en San Francisco.
    • Tercera época: Comprende los años de la producción artística del imaginero José Luján Pérez (cincuenta años aproximadamente). De las veintisiete imágenes que procesionan en la Semana Santa de Las Palmas, trece fueron esculpidas por él.
    • Cuarta época: Desde 1835 hasta nuestros días. El 11 de octubre de 1835, el ministro Mendizábal decretó la supresión de las comunidades religiosas. Los frailes se vieron obligados a abandonar sus monasterios. La medida afectó sensiblemente a la Semana Santa, ya que fueron suprimidas numerosas fundaciones piadosas.

    A pesar de las circunstancias adversas, los cultos y las procesiones se han mantenido a lo largo de los años gracias al esfuerzo de los párrocos y de sus feligreses.

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